Huerto Urbano

Familias de cultivos y rotaciones

Familias de cultivos y rotaciones
Escrito por Pablo Pellicer

En anteriores artículos sobre el huerto, hemos comentado la necesidad de tener en cuenta las rotaciones de cultivos y las asociaciones entre plantas a la hora de planificar y plantar nuestro huerto, pero ¿por qué es necesario y cómo podemos hacerlo?

En horticultura es importante tener en cuenta la familia de las plantas para saber tanto qué tipo de suelo es requerido por cada planta, como para sus asociaciones con otras plantas beneficiosas para su crecimiento.

En este sentido, las necesidades nutricionales de las plantas varían principalmente según su familia. Para entendernos, si yo soy un tomate (solanácea) comeré algo muy parecido a lo que comen los pimientos, ya que los dos somos de la misma familia. Tener en cuenta este concepto, además, nos da una primera pista muy útil para planificar nuestros bancales o macetas: no sembrar especies de una misma familia muy juntas, ya que competirán por el mismo tipo de nutrientes en el suelo. Además, probablemente, serán atacadas por las mismas plagas.

Para planificar nuestro huerto, por lo tanto, es necesario pensar de antemano con qué tipo de cultivos empezaremos, según las características originales de nuestra tierra, tales como la estructura y el contenido de materia orgánica (MO) de ésta, y qué tipo de rotación vamos a iniciar, según las plantas con las que hayamos empezado y pensemos dar continuidad.

Existen muchos modelos de rotaciones de cultivos y se pueden simplificar o hacer más complejos según nuestras necesidades y experiencia. A nivel práctico, facilita las cosas empezar con un modelo de 4 rotaciones como el siguiente:

Familias de cultivos y rotaciones

Modelo de 4 rotaciones

En este caso, iniciamos el primer cultivo con solanáceas, una familia exigente ya que requiere gran cantidad de nutrientes, especialmente nitrógeno (N). Para ello, si no disponemos de un buen suelo rico en materia orgánica, conviene añadírsela, abonando antes de la siembra.

Como vemos, una vez hemos finalizado con las solanáceas, se sugiere plantar leguminosas o crucíferas. Las dos familias son consideradas como mejoradoras. Esto se debe principalmente a sus características en relación al suelo.

Las leguminosas, mantienen una simbiosis en el suelo con microorganismos del género Rhizobium, que son fijadores del Nitrógeno atmosférico y lo incorporan al suelo. Por su parte, las crucíferas, son plantas que mejoran la estructura del suelo por su raíz pivotante y, además, reincorporan el azufre (S) al suelo.

A seguir de los cultivos “mejoradores”, se plantan cultivos de exigencia media, como pueden ser las compuestas, las quenopodiáceas o las cucurbitáceas. Finalmente, encontramos las umbelíferas y las liliáceas, ambos cultivos poco exigentes a nivel nutricional y que dejan el suelo preparado para abonar nuevamente (si fuera necesario) y volver a empezar el ciclo de rotación.

Acerca del autor

Pablo Pellicer

Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Experiencias de dinamización agroecológica, y conocimientos en técnicas de agricultura ecológica, agricultura regenerativa, permacultura y restauración de espacios naturales.

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